jueves, 9 de febrero de 2012

Buenos Aires, parte 1

Si tuviera que definir Buenos Aires con dos palabras serían: amabilidad y libros.
Siete días en la capital de Argentina bastan para meterse en un mundo rodeado de vinos, pastas, carnes, libros, arte, música, diseño y horarios nocturnos.

El calor del verano era sofocante. La lluvia torrencial que se soltó un par de noches no lograba alejar totalmente el bochorno diurno. Un día, saliendo de cenar un salmón con majestuoso risotto de radicchio, la lluvia que caía era digna del fin del mundo. El hotel a escasas cuadras, se antojaba lejanísimo.  Habíamos olvidado el paraguas y sólo atinamos a conseguir dos para las tres personas que íbamos (mis padres y yo). Ofrecí que yo correría (una cosa relacionada con la edad y con los tenis que traía puestos). En el minuto en el que puse pie sobre la calle, un río de agua de lluvia mojó mis pies y llegaba a media Tibia. Un sentimiento de felicidad y tranquilidad me acompañó todo el camino... empecé a correr, pero a los pocos metros bajé el ritmo y decidí caminar. Comencé a reír estruendosamente... tantas veces que había visto en las películas escenas donde la gente se moja con la lluvia como si se hubiera sumergido en una alberca y sonríe, y posteriormente tiene algún encuentro amoroso con su alma gemela. Yo simplemente caminaba bajo la lluvia torrencial de Buenos Aires, con la ropa empapada, a un costado del cementerio de la Recoleta y pensaba en la frase que mi papá había usado cuando nos asomamos por primera vez a la terraza del cuarto de hotel, con vista impresionante y privilegiada al cementerio de la Recoleta: "aquí en el hotel, se está mejor que enfrente"... y tenía razón...


En cuanto entramos al hotel y subí los escasos dos pisos a mi habitación, noté que la lluvia se había terminado.. si tan sólo hubiéramos esperado unos cuantos minutos como mi papá sugirió,  habríamos evitado el caos pluvial. Pero me hubiera perdido de mojarme un jueves por la noche, por primera vez en la vida y reír todo el camino, a carcajadas.

Después de bañarme rápidamente y poner a secar mi ropa, con un cielo mágicamente despejado, me cambié y bajé a la librería que estaba justo a un costado del hotel y que cerraba a las 2 am. No he conocido placer más grande que pasear por una tienda de libros, a medianoche y platicar por un largo rato con los encargados del lugar. Gente amante de los libros, del mundo, de las cosas. Que conocían su lugar, su espacio, las letras. Ser un apasionado de lo que uno lee y hace propio, con las letras que otros escriben y son ajenas. Amabilidad absoluta! sugerencias de lectura, de visitas, de autores, conversaciones de países, de papeles, de tintas.... Eso es lo más lindo que me traigo de Buenos Aires

 ...Eso y varios libros de cocina, unos vinos y una felicidad metida en el cuerpo de que uno tiene que estar siempre preparado para cuando llega la lluvia de la vida y poder echarse a reír a carcajadas.




1 comentario:

  1. parece que estuvo re bueno tu visita, yo amo la ciudad, siempre pido delivery en buenos aires voy a museos, al parque. espero vivir toda mi vida en Argentina

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